Cuento de Halloween | El misterio de la calabaza perdida

EL MISTERIO DE LA CALABAZA PERDIDA









 

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Había una vez, en un pequeño pueblo llamado Murciélago, un niño llamado Tomás. A Tomás le encantaba Halloween. Disfrazarse, buscar dulces, y sobre todo, ¡tallar calabazas!

Cada año, en la noche de Halloween, Tomás tallaba la calabaza más grande que encontraba y la dejaba en el porche de su casa. Pero este año, algo extraño ocurrió.

La tarde de Halloween, Tomás encontró la calabaza perfecta, grande y redonda, con un color anaranjado brillante. La llevó a su casa y, junto a su papá, le hizo una sonrisa grande y ojos en forma de triángulo. ¡Quedó genial!

Pero cuando la dejó en el porche para que todos la vieran, algo extraño sucedió. Tomás entró a buscar su disfraz, y al salir... ¡la calabaza había desaparecido!

—¿Dónde se fue mi calabaza? —se preguntó Tomás, rascándose la cabeza.

Decidido a encontrarla, se puso su capa de vampiro y salió a buscar por el pueblo. Caminó por la calle oscura, iluminada por la luz de la luna llena, y preguntó a sus amigos si habían visto la calabaza perdida. Pero nadie la había visto.

De repente, Tomás escuchó un ruido extraño que venía del bosque cercano. Era un ruido como de... ¡alguien riendo!

—¡Voy a averiguarlo! —pensó Tomás, sin un poco de miedo, y se adentró en el bosque, donde las hojas crujían bajo sus pies y las ramas se movían como brazos de fantasmas.

Siguiendo la risa, llegó a un claro y vio algo que no esperaba. ¡La calabaza estaba allí, brillando con una luz misteriosa! Y alrededor de la calabaza, había un grupo de pequeños fantasmas juguetones, que reían y se empujaban entre sí.

—¡Oh! —exclamó Tomás—. ¡Ustedes tienen mi calabaza!

Uno de los fantasmitas, el más pequeño de todos, se acercó y dijo:

—Lo siento, no queríamos asustarte. Es que... ¡nunca hemos tenido una calabaza tan bonita para nuestra fiesta de Halloween!

Tomás sonrió, entendiendo que los fantasmas solo querían un poco de diversión.

—Está bien, podemos compartir la calabaza —dijo Tomás—. Pero luego de la fiesta, ¿podrían ayudarme a llevarla de vuelta a casa?

Los fantasmitas aplaudieron de alegría y prometieron que la devolverían. Así que esa noche, todos juntos, Tomás y los fantasmas, tuvieron una gran fiesta en el bosque. Bailaron, contaron historias divertidas y se rieron tanto que hasta las lechuzas quisieron unirse.

Al final, los fantasmas ayudaron a Tomás a llevar la calabaza de vuelta a su porche, y le agradecieron por ser tan amable.

—¡Feliz Halloween, Tomás! —dijeron, antes de desaparecer entre los árboles.

Tomás se quedó sonriendo, y cuando llegó a casa, le contó a su papá la increíble aventura. Nadie le creyó del todo, pero cada Halloween, cuando dejaba una calabaza en el porche, siempre se preguntaba si los fantasmitas volverían para jugar.

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